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Una mirada fotográfica a Cuba, su gente y actualidad a travez de fotorreportajes

Archive for Octubre, 2007

Oct 03 2007

Guanahacabibes: Entre tortugas (I parte)

Published by Massola under General

ver 2ª parte
De como nos enrolamos en esto.

La decisión la habíamos tomado mi querida Leslie y yo un par de años antes al enterarnos de la convocatoria del Centro de Investigaciones Marinas (CIM) donde solicitan voluntarios para el Proyecto Universitario de Estudio y Conservación de tortugas marinas en Cuba. Estábamos deseosos de involucrarnos en una actividad de preservación del medio ambiente concreta y militante.
Así que dedicamos nuestras vacaciones de este año a monitorear tortugas marinas.

El Proyecto tiene lugar desde 1998 a partir de mayo y hasta septiembre. Su zona de trabajo son las playas del Parque Nacional Guanahacabibes, en la península del mismo nombre, y es posible, entre otras cosas, gracias al voluntariado (principalmente jóvenes estudiantes de Biología) que pernocta durante 15 días en las playas a la espera de tortugas anidadoras o de la eclosión de los huevos.

Hubo una reunión preliminar donde conocimos a quienes serian nuestros compañeros de playa (en nuestro caso Olivia, una joven bióloga llegada de Tenerife, Islas Canarias, y Joycie, bioquímico y uno de los coordinadores del Proyecto). Nos informaron también de las características del trabajo y de las condiciones de los campamentos. Dos días mas tarde iniciamos el viaje.


El viaje

Son 5 horas desde la capital cubana hasta el extremo más occidental de la isla: la península Guanahacabibes, Reserva de la Biosfera declarada por la UNESCO en 1987. El largo trayecto apenas se nota, en parte por el paisaje maravilloso de la provincia de Pinar del Río. Nadie piensa en las comodidades que ha dejado atrás. Mientras el ómnibus avanza por la autopista los jóvenes que integran los diversos grupos aprovechan para compartir y perfilar como será su vida en la quincena en los campamentos rústicos de las playas de la península. Muchos vienen por segunda, tercera o cuarta ocasión, pero parece su primera vez a juzgar por el entusiasmo.

Hacemos una pequeña parada para almorzar y recoger parte de la alimentación que provee el CIM y continuamos hasta llegar en la tarde a La Bajada, punto desde donde seguiremos al día siguiente a las playas correspondientes.
En la delegación del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente los guarda parques nos ofrecen una explicación detallada sobre el lugar.

Playa Antonio.
En la mañana siguiente nos distribuyen en 7 playas a lo largo de la cola del caimán, como se le dice a esta porción del territorio cubano. Playa Antonio nos tocó en gracia. Corre a lo largo de un farallón y con una abundante vegetación de palmeras. Una maravilla natural.

Leslie y Olivia reciben la información de temporada de los voluntarios a quienes relevamos. A mi me tocó “desembarcar” y trasladar los pesados bultos a través de unos 20 metros del afilado “diente de perro” y bajarlos hasta la playa mientras Joycie iba en busca de algunas pertenencias olvidadas en una playa cercana en temporadas anteriores.
Poco a poco nos fuimos adueñando del lugar. Al medio día ya estaba encendida la “cocina” y montadas las carpas. Un montón de objetos personales comenzaron a “esparcirse” por el área.

A Olivia le pareció el paraíso. A nosotros también.
Joycie aprovecha y sugiere que solo se haga una comida al día (¿?).
Nos agarró movidos y aceptamos. Habrá arrepentimientos.
En la tarde nos visita Tito, un ejemplar macho de iguana, malcriado y habituado a alimentarse en el campamento. Impresionante el bicho, pero inofensivo.


Allí no se sintoniza ninguna estacion de radio nacional, solo de vez en cuando “entra” alguna del cercano Yucatán, así el radio fue por gusto.
Sin electricidad y con la plaga de insectos (mosquitos y odiosos “jejenes”) dándonos una calurosa bienvenida, al anochecer ocupamos las carpas después de haber degustado la primera de las cenas que tendríamos día a día, junto al mar.

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Oct 02 2007

Guanahacabibes: entre tortugas (II parte)

Published by Massola under General

ver la 1ª parte

El trabajo

Visto de forma simple y vulgar, cualquiera diría que nos hemos ido a veranear a una playa virgen ¿no? Sin embargo, no hay mucho de esto y si de trabajo que se hace, principalmente, de madrugada y que consiste en “playear”, recorrer la playa de un extremo a otro (unos 240 metros en el caso nuestro) cada 45 minutos, de 10 de la noche hasta las 6 de la mañana a la espera de tortugas que decidan salir a anidar. A veces salen varias simultáneamente.
Si esto ocurre hay que anotar la hora, contar los huevos, medirlas de ancho y largo, anotar el número de marca o ponerles una, medir la profundidad del nido y marcarlo. Después, realizar el croquis de todo el proceso de cada una.
Y se extiende durante el día con el monitoreo de la temperatura de los nidos existentes y de posibles nacimientos. En caso de eclosión, hay que contar los jóvenes ejemplares, medirlos, observar posibles malformaciones… Y todo esto se refleja en planillas llenas de formularios y claves. Una bicoca ¿mm?

Así que haya plaga o no, a las 10 ya estamos listos para comenzar. En la primera noche no tuvimos suerte. Solo nos acompaña la luz de las estrellas, algo que solo es posible en parajes como este. No se puede encender luces pues ahuyentaría a las tortugas y además atrae a los jejenes.

En la segunda, estábamos de playeo Leslie y yo. De aquí para allá, de allá hasta acá y nada. Los guardabosques del parque nos visitan en plena madrugada. Además del susto que dio lugar a una jocosa jarana (¿Tienes tu arma blanca ahí?, pregúntenle a Joycie), nos trajeron la buena suerte pues salio la primera tortuga.

Pie de rey en mano, planilla, cinta métrica y mucha paciencia para esperar que empezara a poner los huevos que es cuando se toman todos los datos. Llegado el momento, Leslie, que había estado en una etapa anterior y tenia esa experiencia, fue quien asumió el conteo de estos. Se trata de poner la mano debajo del orificio por donde salen las posturas envueltas en un líquido viscoso que los protege de bacterias y 1, 2, 3… ¡ciento y tantos!

Mientras, Joycie tomaba las medidas morfológicas y marcaba el nido. Y un servidor se dedicó a hacer las fotografías que ahora acompañan este reportaje.
Por cierto, con todo el ajetreo se nos olvido llamar a Olivia que dormía. Era su noche de descanso, literalmente hablando.
En todo el proceso nos metimos hasta las 5 de la mañana pues salio una segunda. Joycie nos cuenta que la fase lunar en que estábamos (luna nueva) no es la más propicia.
Así, casi al amanecer, nos fuimos al bohío del campamento a terminar la jornada entre cuentos.

A la mañana, como en casi todas las demás encendí el carbón para preparar el desayuno. Olivia, arrellanada en un chinchorro (hamaca venezolana que me traje de allá y que se convirtió rápidamente en objeto de poder y deseo) escuchaba las historias de la movida nocturna y nos reprochaba el olvido involuntario.
Pero recién comenzaba nuestra estancia, así que la esperanza era verde todavía, aunque la suerte no nos acompañaría mucho en los días siguientes en que el clima cubano, cambiante en segundos, nos jugaría unas cuantas trastadas.

Pero esto es harina del próximo post.

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